Para muchos profesionales y aún quienes no tienen educación superior, leer y escribir son herramientas de trabajo, la lectura ofrece muchas ventajas para quienes la toman como un hábito imprescindible en sus vidas. La lectura nos enriquece internamente y nos permite comprender mejor la realidad. El acto de leer nos acerca al conocimiento, y permite comunicarnos de mejor manera con otras personas, de igual manera, desarrolla nuestra capacidad de análisis y nos posibilita de alguna manera, resolver problemas.

La educación, tal como la conciben hoy en día gran parte de sistemas educativos, no favorecen a la buena lectura, menos a la comprensión de ésta. Los alumnos no se acercan a la lectura para visualizar lo que les interesa, sino más bien se acercan casi aterrados a una acción impuesta por los mayores. Una lectura desarrollada en estas circunstancias difícilmente será una lectura liberadora. Si uno pregunta a un adulto sobre el recuerdo de un texto estudiantil, difícilmente recordará el título, caso contrario de las lecturas que encontramos en el camino de la vida y que nos sorprendieron y maravillaron, obviamente estas últimas fueron productos de una libre elección y no fueron impuestas por ningún decreto. Por ello podemos concluir que la libertad está hermanada con la lectura y, es de esa hermandad, que nace la riqueza de una lectura provechosa y de largo aliento.